- 3 formas: otitis externa, media e interna
- Causas frecuentes: humedad, alergias, levaduras, bacterias, ácaros y cuerpos extraños
- Síntomas: sacudidas de cabeza, rascado, olor, enrojecimiento y secreción
- Urgencia: pérdida de equilibrio, dolor intenso o cabeza ladeada
- Tratamiento: siempre depende de la causa y debe pautarlo el veterinario
¿Tu perro no deja de sacudir la cabeza, se rasca la oreja o de repente notas mal olor en la zona del oído? La otitis es uno de los motivos más habituales de consulta veterinaria. Entre un 10 y un 20 % de los perros la sufren al menos una vez en la vida. El problema es que mucha gente prueba remedios caseros o gotas al azar sin saber qué la está provocando. Así es como una inflamación puntual acaba volviéndose crónica.
Tipos de otitis
No todas las otitis son iguales. Según la parte del oído afectada, distinguimos tres formas:
Otitis externa. Afecta al conducto auditivo externo, es decir, la zona entre el pabellón auricular y el tímpano. Es la forma más frecuente con diferencia. Suele causar picor, enrojecimiento y secreción. Si se trata a tiempo, suele evolucionar bien.
Otitis media. Afecta al oído medio, justo detrás del tímpano. A menudo aparece cuando una otitis externa no se trata o se trata tarde y la inflamación avanza hacia dentro. El dolor suele ser mucho más intenso y el perro rechaza que le toquen la cabeza.
Otitis interna. Afecta al oído interno, donde se encuentra el sistema del equilibrio. Es menos frecuente, pero mucho más seria. Los perros pueden perder estabilidad, caminar en círculos o caer hacia un lado. Sin tratamiento, puede dejar secuelas en la audición o el equilibrio.
Una forma puede progresar a la siguiente. Lo que empieza como un oído algo enrojecido puede terminar afectando estructuras mucho más profundas.
Causas típicas
La otitis rara vez tiene una sola causa. Lo habitual es que se junten varios factores:
Humedad. El agua que queda en el conducto tras nadar o bañarse crea un ambiente cálido y húmedo. Ese entorno favorece el crecimiento de levaduras y bacterias.
Anatomía. Los perros con orejas caídas ventilan peor el conducto auditivo. Si, además, el conducto es estrecho o muy peludo, la humedad y la cera se acumulan con más facilidad.
Alergias. Muchas veces pasan desapercibidas. Una alergia alimentaria o ambiental puede inflamar el conducto auditivo o hacer que una otitis reaparezca una y otra vez.
Levaduras (Malassezia). Forman parte de la flora normal de la piel, pero si el equilibrio del oído se altera, se multiplican de forma excesiva. Suelen dejar una secreción marronácea, algo grasienta o terrosa, con olor dulzón.
Bacterias. Algunas, como los estafilococos o Pseudomonas, pueden desencadenar la inflamación o complicar una que ya estaba presente. Es típico ver secreción amarilla, verdosa o purulenta.
Ácaros del oído (Otodectes cynotis). Son más frecuentes en cachorros y perros jóvenes. Provocan un picor muy intenso y un material oscuro parecido a posos de café. También pueden contagiar a otros animales de la casa.
Cuerpos extraños. Las espigas y otras semillas pueden entrar en el conducto auditivo, sobre todo en verano. Como tienen aristas, avanzan cada vez más hacia dentro. Una sacudida brusca de la cabeza justo después del paseo es una señal de alarma.
Reconocer los síntomas
Hay signos muy claros y otros que pasan desapercibidos al principio. Fíjate en:
- Sacudidas de cabeza: repetidas y con fuerza, a menudo después de dormir
- Rascado de la oreja: el perro se frota contra muebles o usa la pata trasera
- Mal olor: olor agrio, dulzón o purulento en la zona del oído
- Enrojecimiento e inflamación: el pabellón o el conducto se ven rojos
- Secreción: marrón, amarilla o verdosa; seca, terrosa o purulenta
- Dolor: aparta la cabeza o protesta cuando le tocas la oreja
- Cabeza ladeada: inclina la cabeza siempre hacia el mismo lado
- Cambios de conducta: está más irritable, apático o sin apetito
Si solo está afectado un oído, suele ser más probable que haya un cuerpo extraño o una infección localizada. Si los dos oídos están mal, conviene pensar en alergias u otras causas de base.
Cuándo acudir al veterinario de inmediato
Muchas otitis tienen buen pronóstico si se tratan pronto. No conviene esperar si ves alguno de estos signos:
- Trastornos del equilibrio: el perro se tambalea, se cae o camina en círculos
- Dolor intenso: no deja tocarle la cabeza, gime o reacciona con agresividad
- Síntomas neurológicos: nistagmo, movimientos torpes o asimetrías faciales
- Secreción purulenta abundante: sobre todo si es verdosa o sanguinolenta
- Fiebre y falta de apetito: pueden indicar que el problema está avanzando
- Sacudidas bruscas tras un paseo: hacen pensar en una espiga u otro cuerpo extraño
En estos casos, el tiempo importa. Una otitis interna o una espiga encajada pueden causar daños permanentes.
Diagnóstico y tratamiento
Por qué es necesario el veterinario
Sin un diagnóstico claro, no hay tratamiento acertado. Las gotas compradas por tu cuenta pueden aliviar unos días, pero no corrigen la causa. Un antibiótico no resuelve una otitis por levaduras. Un antifúngico no sirve si el problema son bacterias. Si detrás hay una alergia, la otitis volverá hasta que se trate esa base.
Qué hace el veterinario
Otoscopia: con un otoscopio, el veterinario examina el conducto auditivo y el tímpano. Así valora hasta dónde llega la inflamación y si hay cuerpos extraños.
Citología: toma una muestra del oído y la observa al microscopio. Eso permite ver si predominan levaduras, bacterias o ácaros.
Cultivo bacteriano: en infecciones graves o recurrentes puede pedirse un cultivo con antibiograma para elegir el antibiótico más adecuado.
Opciones de tratamiento
El tratamiento depende del origen:
- Limpiadores auriculares: en casos leves, una limpieza profesional y un producto adecuado pueden ser suficientes.
- Antifúngicos: se usan cuando predominan levaduras, por ejemplo clotrimazol o miconazol.
- Gotas antibióticas: se reservan para infecciones bacterianas y, si es posible, conviene guiarlas por un antibiograma.
- Antiparasitarios: se usan frente a ácaros del oído. Si hay más animales en casa, suele ser necesario tratar a todos.
- Antiinflamatorios: ayudan a bajar la inflamación, el picor y el dolor.
- Tratamiento de la alergia: si la otitis tiene un origen alérgico, hay que identificar y manejar el desencadenante.
- Cirugía: puede hacer falta en casos muy crónicos, con pólipos o con cuerpos extraños difíciles de extraer.
Lo normal es que el tratamiento dure entre 7 y 14 días, a veces más. Aunque el perro mejore enseguida, no hay que cortar la medicación antes de tiempo.
Qué puedes hacer en casa
La otitis siempre debe valorarla un veterinario. Aun así, hay cosas que sí puedes hacer para prevenirla y acompañar el tratamiento:
Revisar las orejas con frecuencia. Una vez por semana basta en muchos perros. Una oreja sana es rosada, no huele mal y no tiene secreción.
Secar bien tras el baño o la piscina. Usa un paño suave para secar el pabellón auricular. No empujes agua hacia dentro del conducto.
No meter bastoncillos de algodón en el oído. Solo puedes limpiar la parte visible. Si introduces objetos, empujas la suciedad más adentro y puedes lesionar el tímpano.
Aplicar las gotas como te indiquen. Si el veterinario las receta, levanta la oreja, aplica la dosis dentro del conducto y masajea suavemente la base. Después deja que el perro sacuda la cabeza.
Revisar las espigas después de pasear por el campo. Si ves una en la parte externa, retírala con cuidado. Si está dentro, no manipules más y ve al veterinario.
Razas con mayor riesgo
Cualquier perro puede sufrir una otitis, pero algunas razas tienen más predisposición por su anatomía:
Perros con orejas caídas como Cocker Spaniel, Basset Hound, Beagle, Golden Retriever o Labrador. Con las orejas caídas hay menos ventilación y se acumulan más calor y humedad.
Perros con conductos muy peludos como caniches, schnauzers o algunos terriers. El pelo dificulta la ventilación y retiene la cera.
Perros con conductos estrechos como Shar-Pei o bulldogs. En ellos, la humedad y las secreciones se acumulan con rapidez.
Si tu perro pertenece a uno de estos grupos, conviene revisar sus oídos con más regularidad y preguntar al veterinario si necesita una rutina de limpieza.
Prevención
Muchas otitis pueden prevenirse o, al menos, aparecer con menos frecuencia:
- revisar las orejas una vez por semana
- secarlas después de nadar o bañarse
- preguntar al veterinario si conviene recortar o retirar parte del pelo del conducto
- buscar alergias si la otitis reaparece
- revisar si hay espigas tras paseos por hierba alta
- no aplicar productos agresivos ni remedios caseros dentro del oído
- usar un limpiador auricular recomendado por el veterinario si el perro es propenso
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Pregunta 1 de 3¿Por qué no conviene tratar una otitis por tu cuenta con gotas cualquiera?
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